lunes, 6 de octubre de 2014

detrás de la máscara

Lupita ha tenido muchos trabajos, y le gusta hoy pasear y fijarse en esos detalles en los que casi nadie se fija: las conversaciones cifradas entre dependientes en unos grandes almacenes, esos guiños y sobreentendidos de sección a sección; muchachas que fuman sentadas en el bordillo de la acera, o de pie cerca de las puertas de los comercios, cigarrillos liados y sonrisas muy rojas, algún tatuaje trepándoles desde la espalda hasta la nuca desnuda; el gesto de paciencia de las cajeras del supermercado, mucho más superheroínas que nadie, manos rápidas y cabello recogido...



A Lupita le gusta fijarse en todas esas cosas, toda esa vida secreta en paralelo a la cotidiana y de la que durante mucho tiempo fue parte. Le gusta pasear y mirar porque le gusta recordar, y porque le gusta, además, empaparse de realidad, llevársela pegada a la piel antes de ponerse el uniforme, la máscara; antes de ingresar en esa otra vida feroz y oculta. 

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