lunes, 12 de noviembre de 2012

por las mañanas

Mirar desde la acera cada mañana y ver a Lupita del otro lado de la luna un poco empañada ya, siempre a la misma hora, sudando sobre la bicicleta estática: el arco tenso de la espalda, el pelo recogido en una coleta nerviosa, los largos muslos como dibujados con el trazo elástico de un pincel...  





Cada mañana, como un reloj. Con una barra de pan tibio debajo del brazo, me paro y procuro mirarla por el rabillo del ojo, como el que no quiere la cosa.

Cada mañana. Religiosamente.

4 comentarios:

  1. No me la imaginaba yo carne de gimnasio... no se por qué.

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  2. ya... yo tampoco, pero ahí está, cada mañana...

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  3. con un poco de suerte, un día, la sorprenderá mirándolo a usted

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